Dejamos Niza con Caro, Cyril y las niñitas y nos fuimos en tren muy tempranito mi mamá y yo con Olivier. Olivier trabaja en el sector financiero a Mónaco y conoce muy bien la ciudad, o mejor dicho el país. Caminar y visitar era la cosigna. Mucho lujo, yates y veleros inmensos llegando al puerto desde temprano, bellos edificios, jardines maravillosos y bien cuidados y un paisaje increíble de la ciudad visto desde lo alto del Palacio Réal. Todo en la ciudad hace alusión a la familia Grimaldi. Ellos son este país, este país vive con ellos. Los nombres de las calles, de los parques, de las instituciones más importantes, de los restaurantes. Todo lleva el Grimaldi.  El tiempo de nuestra visita fué como estar el páginas de la revista HOLA!

Lo que más me gustò fue la piscina olímpica en el medio del puerto y la gente mayor que se apodera de ella a partir las 7 am.