Es normal que todos cambiemos, crescamos y nos pongamos viejos. Es más facil darse cuenta de cuando los otros se ponen viejos que cuando le pasa a uno mismo. Sin embargo cuando "oso" poner atención ante el espejo, me veo arrugas que no veía hace algunos meses. Eso sí...me veo millones de canas que no existían hace un par de semanas. Menos mal que todavía las pieles no me cuelgan pero sé que eso vendrá, aunque tengo esperanzas de que eso vendrá dentro de muuuucho tiempo, si juzgamos el asunto por la maravillosa herencia de pieles "resistentes al tiempo" de los Rodríguez y de los Méndez.

Yo sé también que Cyril y yo estamos más viejos porque con frecuencia nos encanta quedarnos bajo la cobija viendo un DVD un sábado en la noche que salir al cine o a cenar. Claro, todo tiene un límite y ver gente y pasear forma parte de las cosas importantes que nos gusta hacer, que seamos viejos o no.

También sucede que a veces, en plena etapa de envejecimiento, hay regresiones a la infancia como las que tienen por ejemplo los niños grandes (de 4 o 5 años) y que acaban de tener un hermanito recién nacido. Estas regresiones en los niños se manifiestan con un pipi en la cama acompañado de un grito desesperado y silencioso que dice "yo quiero seguir siendo chiquito"!! Para los adultos que se ponen viejos, también se valen las regresiones. Cyril, por ejemplo a casi 40 años y con 3 niñas hembras sobre los hombros, se soltó el moño del papá que vuelve a jugar a los carritos a control remoto...y con motor de verdad! Su grito desesperado es el de STOP las Barbies y los Petshop. Yo quiero jugar otra vez a cosas de varones!!!

Lo más insólito es que todos estamos fascinados con los carritos. Claire dice que ella lo pidió de regalo de cumpleaños porque a ella le gustan y no porque el papá la influenció...dice ella...y por supuesto hacía falta un segundo carrito para poder hacer carreras: el carrito de Ariane.

Sobre el tema de las carreras y las rampas de salto en el jardín dedicaremos un artículo muy pronto.

En todo caso, ver crecer a los hijos todos los días un poquito y disfrutar de la evolución física y mental es un regalo para los padres. Pero porque uno los ve todos los días, estos cambios son casi imperceptibles. Menos mal que existen la fotografía y los albumes de recuerdos (cartas, noticas, trabajos del colegio, etc...) para dejar en la memoria como eran los niños cuando "estaban más chiquitos" y para quedarse boquiabiertos ante los cambios impresionantes que suelen ocurrir en 8 años. Mi Claire cumplió 8 años el 19 de noviembre. Es por eso que a ella dedico este artículo.

Aquí la vemos a los 2 años cuando llegamos a Colombes, 2003

A los 4 años cuando llegamos a Carcassonne, 2006

y a los 8 años...ya no es una "niñita" chiquita. Su mirada, su actitud y su posición sobre las cosas importantes de la vida me dicen que ella está creciendo a pasos agigantados y que pronto se convertirá en una "señorita"... Es una alarma para mis sentidos y mis intuiciones porque es ahora cuando más tengo que disfrutar de su niñez y permitirme regresiones a la infancia (la mía para poderla compartir con ella) porque después de esta etapa que no regresará más, viviremos otra etapa, seguramente igual de rica y compleja, pero que me hará extrañar probablemente mi Claire bebé y niñita. Todo esto me hace sentirme un poco más viejita pero llena de orgullo...